Subtítulo:
“Hay amores que se gritan… y otros que se sienten con la piel.”
La mañana avanzaba lentamente, bañando la cabaña con una luz cálida que se colaba entre las cortinas. Ariadna estaba recostada en el sillón, sus manos descansando sobre su vientre que ya comenzaba a notarse con dulzura. Su piel brillaba como si la luna la hubiera bendecido, y sus ojos miel tenían un brillo sereno, profundo.
Kael se acercó sin hacer ruido, observándola como quien contempla la joya más preciada. Cada día