Sofía sentía que estaba en una encrucijada. Por un momento se puso en el lugar de Adrianna y tomó una decisión.
—Adrianna merece la verdad. Y no me voy a callar. —se dijo al momento de cruzar la puerta que fue cerrada tras de ella.
Salió, dejando atrás a Claudio, a su sombra, a sus pecados.
Y una lágrima más, sin testigos, rodó por el rostro del hombre que alguna vez sonrió como un príncipe… y se convirtió en un monstruo.
Claudio no se movió al principio. Permaneció en silencio, con los puños