Sofía se giró lentamente, esbozando una sonrisa profesional. Intentó pasar desapercibida ante Charlotte.
—Disculpe, señora. ¿Nos conocemos?
Charlotte la miró en silencio. No caía fácilmente en juegos.
—No juegues conmigo, Sofía. Aunque cambies el color del cabello, los ojos, y te escondas detrás de un uniforme barato… sigues siendo tú. La misma mujer que fingió estar ciega para manipular a Paolo.
Sofía la sostuvo la mirada, sin permitir que el temblor le llegara al rostro.
—Ya no soy esa mujer.