El silencio se instaló de nuevo entre los dos, pero esta vez no era el silencio pesado del dolor o del miedo. Era algo frágil e incierto, un espacio tranquilo donde las palabras ya no eran necesarias.
Livia lo miró de verdad, y en él vio algo más que al despiadado Rey Licántropo al que todos temían. Vio al hombre que había permanecido a su lado toda la noche, al que había interrumpido el juicio en contra de la voluntad de su consejo solo para mantenerla con vida, al que, por una vez, había most