El salón estaba tan en silencio que incluso el aliento más leve parecía ensordecedor. Todas las miradas estaban fijas en ella: en aquella mujer temblorosa que permanecía en el centro del caos. La que había sido traicionada, humillada y abandonada… y aun así se negaba a romperse por completo.
El pecho de Livia subía y bajaba con dificultad, y su corazón latía con tanta fuerza que le dolía. Su cuerpo temblaba y sus rodillas flaqueaban bajo el peso de lo que estaba a punto de hacer. Y sin embargo,