En lo más profundo del bosque, donde la luz de la luna ya no llegaba, una criatura permanecía de pie sobre una gran roca. El entorno estaba lleno de humo y una energía tan densa que parecía como si la propia tierra temblara ante su presencia.
Desde la oscuridad, dos ojos rojos brillaban con intensidad: afilados, fríos y rebosantes de ira. En la mano de la criatura descansaba una daga antigua envuelta en llamas negras.
—¿Creen que ya está a salvo? —resonó una voz gélida, como un susurro y un gri