El bosque se convertía en un borrón de sombras mientras Lía corría con el corazón martilleando contra sus costillas. Sus pies apenas tocaban el suelo, impulsados por un terror primario que sobrepasaba cualquier dolor físico. Detrás de ella, el crujir de ramas y el golpeteo rítmico de patas poderosas le indicaba que Kael los seguía en su forma alfa, una bestia imponente de pelaje plateado y ojos que brillaban como brasas en la oscuridad.
—¡Élan! —gritó Lía, su voz quebrándose mientras seguía el