El segundo Alfa había dado una órden y esperaba que fuera cumplida. Su luna era lo más importante para él, y ese cachorrito que llevaba en su pancita.
De detrás del Alfa Leonardo, la bella pelirroja Angya aparecía.
— Aquí estoy, Angelino. Volví... No pude irme, lo siento mucho, pero no te puedo abandonar.
— Ahhh... Esto fue muy... ¡Puedes morir aquí, ya te lo había explicado, Angya! ¿Tienes idea de lo mucho que significas para mí? Eres mi vida, tu y mi cachorro, no debiste exponerte as