El Alfa no había querido presionar más a su luna, comprendía sus razones por las cuales no quería volver con él, pero eso no sería suficiente para soltarla, nunca la dejaría volverse a marchar de su lado.
El lobo regresó a su habitación para ver a sus cachorros. Se encontró con que ya estaban despiertos y tenían peticiones.
— Tío Angelino, quiero ir al baño, ya no aguanto, llévame ya.
— ¿Qué...? Pero yo no sé nada sobre cachorros, ¿No te han enseñado a ir al baño tu solito, Lionel?