El Alfa puede explicarse al fin.
El imponente lobo estaba recién duchado, se había cambiado de ropa y ahora entraba oliendo a una loción varonil combinada con su aroma natural.
Alejandra lo miraba y le parecía tan atractivo, su aroma llegaba a su pequeña nariz, pero se negaba a aceptar que el Alfa le atraía, no se lo dejaría ver.
— Que bueno que estás despierta. No había venido porque estuve algo ocupado...
— No te preocupes, las enfermeras estuvieron ayudándome. Leonardo, dime, ¿Has sabido algo de los cachorros? ¿Hab