El Alfa Romano, a pesar de haber llevado a Alejandra como maestra para su hijo, no permitió que comenzarán con las clases hasta que estuviera completamente recuperada.
En un salón de clases que se había preparado especialmente para el pequeño cachorro heredero, Ale llegaba con un libro en mano.
— Joshino, ven aquí, te vas a sentar y vamos a repasar la lección que fué aprobada por tu padre.
— Está bien, tu si me agradas, el otro maestro que tenía no me gustaba.
— Me alegra escuchar e