Un Alfa arrepentido.
Extrañamente las lunas no habían despertado todavía y ya eran cerca de las dos de la tarde. Cosa muy extraña porque ellas siempre bajaban a desayunar.
El rey Salvatore se dirigía al despacho después de darse una ducha, pero fue interceptado por sus cachorros apenas bajó las escaleras.
Los lobeznos estaban un poco tristes, y andaban como alma en pena por el castillo.
— Papá, mamá aún no se ha despertado, ella siempre nos acompaña a merendar, ya casi es la hora de comer y no baja, ¿Cre