Mi destinada se llama Elizabeth Drakal.
Los novios esperaban en el altar, ambos estaban tan nerviosos que sus padres ya casi perdían la paciencia.
— Guarda la calma Lorenzo, solo te vas a casar, no vas a ir a la horca. — Pedía el rey Salvatore a su hijo.
— ¿Me vas a decir que cuando tú te casaste con mamá, no estabas nervioso, papá?
— Pues si, si lo estaba, yo era el Alfa más enamorado que hubiese existido, mi luna lo fue todo para mí apenas la conocí.
— Si, aja, y por eso seguías enredado con esa beta que después intentó