Los Alfas al igual que los centinelas mantenían los ojos muy abiertos en todas direcciones. más no tenían el alcance de los hermanos Salvatore.
Cada uno de ellos llevaba la esperanza de encontrar a los dos cachorros traviesos que se habían fugado del castillo Romano.
(...)
— Leo, ya estoy muy cansado, no puedo mover un solo pie más, necesito descansar un poco. — Lionel ya había dado todo lo que podía.
— Yo también estoy cansado, Lionel, pero si nos detenemos corremos el riesgo de qu