La impresionante raza de los licántropos.
Contra todo, y contra todos, Leonardo llevó a su hermano a un lugar un poco apartado de la batalla, lo dejó recargado en un árbol. Le costaba mucho abandonarlo, pero tenía que regresar a pelear.
— ¡Damiano, no mueras, promete que no vas a morir...!
— Por supuesto que no, ya regresa a patearles el culo a esos hijos de puta. ¡Vete ya, dirige esa batalla como solo tu sabes hacerlo!
El rey asintió dándole una palmada en el hombro a su hermano, después regresó sus pasos al campamento. Pod