El tercer golpe en la puerta hizo temblar toda la casa.
No era un simple llamado.
Era una advertencia.
Nikolai ya tenía el arma en la mano.
—Aléjate de la puerta —ordenó en voz baja.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Retrocedí lentamente, sin apartar la mirada de la entrada.
Otro golpe.
Más fuerte.
La madera crujió.
—No van a esperar mucho —murmuró Nikolai.
—¿Quiénes son? —pregunté.
—Los mismos que intentaron llevarte.
El aire se volvió frío.
Peligroso.
Un cuar