Mundo ficciónIniciar sesiónEl humo del C4 era un muro sólido de color grisáceo que olía a azufre y a final. Gritos de pánico desgarraron la solemnidad de la capilla mientras los invitados se lanzaban al suelo, protegiendo sus cabezas entre los bancos volcados.
Vincenzo De Luca, fiel a su naturaleza de carroñero, no miró a su sobrina ni a su hijo. Sus dedos, amarillentos por el tabaco, se cerraron sobre el maletín







