El charco de sangre en la camilla se expandía con una rapidez aterradora, goteando sobre el suelo de cemento del sótano. El monitor cardíaco estalló en un pitido agudo y sostenido, era la banda sonora de una muerte inminente.
— ¡Perdemos la presión! — gritó el médico, presionando con ambas manos el hombro de Dante — ¡Elara, necesito que elijas ahora! Si entramos a ligar la arteria, el riesgo de un shock hipovolémico es del noventa por ciento.
Elara sentía que el oxígeno no llegaba a sus pulmone