Mundo ficciónIniciar sesiónEl humo de las cargas de ruptura todavía flotaba en el aire del ala médica, mezclándose con el olor de los sistemas electrónicos quemados. Elara, protegida por el cuerpo de Dante, sentía el martilleo de su propio corazón contra las costillas del hombre que la reclamaba como suya.
Dante no se movió. Su mirada, forjada en el odio, estaba clavada en la puerta de acero que acababa de ser forzada. Pero no había disparos. Lo que entr&oa







