Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire en el laboratorio de la casa de hierro se sentía rancio. Elara sentía que sus pulmones se habían convertido en bolsas de papel seco.
Cada vez que inhalaba, la palabra Leone le quemaba la tráquea. No era una De Luca. Ya no era la luz de los ojos de Marco. Era producto del peor ser humano que había conocido alguna vez, de un monstruo.
De repente, el bisturí quirúrgico que Miller había dejado sobre la bandeja de acero







