Mundo ficciónIniciar sesiónEl sonido del cerrojo fue el disparo que dio inicio a la guerra. En el silencio opresivo de la habitación blindada, el aire era tan denso que Elara sentía que el oxígeno le quemaba los pulmones.
Dante no se detuvo. Caminó hacia ella con la precisión de un verdugo, deshaciéndose de su camisa con un movimiento violento. Sus ojos grises, antes nublados por el miedo al incesto, ahora brillaban con una claridad aterradora.
— Míra







