Mundo ficciónIniciar sesiónEl zumbido de la centrífuga cesó de golpe, dejando un vacío ensordecedor en el laboratorio de la casa de hierro. El silencio no era paz, era una soga apretándose alrededor de cinco gargantas.
Miller no levantó la vista de inmediato. Sus dedos pulsaron tres teclas y la pantalla gigante se dividió en dos columnas de códigos cromosómicos que brillaban como sentencias de muerte en color azul.
Dante dio un paso al frente, con la







