El papel vitela cayó al suelo, pero el nombre impreso en él seguía quemando las retinas de Dante. Un rugido animal, cargado de tres décadas de mentiras, brotó de su garganta.
Dante lanzó un puñetazo ciego contra la estantería de roble. El crujido de la madera rompiéndose fue seguido por el estallido de un jarrón de porcelana que voló contra la pared.
— ¡Un experimento! — rugió, su voz rebotando en las vigas metálicas de la galería — ¡Eso es lo que soy! Un puto error de laboratorio diseñado por