La suite médica del yate era una burbuja de cristal. Gracias a la tecnología, el parto prematuro se había detenido con inhibidores intravenosos, pero la calma era un espejismo.
Elara, pálida pero con el pulso estabilizado, observó cómo Alejandro colocaba una carpeta de cuero sobre la mesa del comedor privado. El brillo de la lámpara quirúrgica se reflejaba en el papel, era una sentencia de muerte disfrazada de contrato legal.
— Firma, Elara. El control de los De Luca bajo mi nombre es la única