No dije que sí, pero tampoco dije que no de inmediato.
Me quedé mirándolo en la penumbra, con la frente todavía apoyada contra la suya y el anillo atrapado entre nuestros dedos. El corazón me latía con una fuerza absurda, como si intentara escapar del pecho y salir corriendo por la ventana, lejos de esta habitación, lejos de la oferta loca y hermosa que acababa de hacerle.
Las Vegas.
Una capilla de neón.
Un Elvis mal imitado.
Un “sí” rápido y después ya hablaremos de todo lo demás.
Era te