La puerta se cerró con un clic suave.
Me quedé mirando el espacio vacío donde él había estado segundos antes. La silla todavía estaba un poco ladeada. La carpeta ya no estaba sobre el escritorio. Solo quedaba el eco de sus palabras
“Tu seguiste con tu vida, vas a reemplazar a Sofía y estás enamorada.”
Enamorada.
La palabra se me clavó en el pecho como si él la hubiera dicho con una daga. No había gritado. No había alzado la voz. Había sonado casi cansado. Como si me estuviera devolviendo una ve