La noche se extendía silenciosa sobre la mansión.
El reloj en la pared marcaba las tres de la madrugada.
El aire era denso, sofocante, como si la casa misma presionara contra su pecho.
Katerina abrió los ojos lentamente.
Había dormido mal.
La conversación con Aaron aún retumbaba en su cabeza.
Sus palabras seguían clavadas en su pecho como espinas venenosas.
"Tu vida ya no está en Rusia."
"Tu padre te vendió."
"No tienes derecho a exigir nada."
Rabia. Dolor. Desesperación.
Su corazón latía con f