El viento helado de Rusia golpeó a Katerina en cuanto bajó del jet privado.
El suelo cubierto por una fina capa de nieve crujió bajo sus zapatos.
Estaba en casa.
Pero nada se sentía como antes.
La fría realidad la golpeó con la fuerza de un tren en marcha.
Su padre estaba muerto.
Él, quien alguna vez fue su única familia, había dejado de existir.
Un dolor indescriptible se apoderó de su pecho, cerrándole la garganta.
Los recuerdos la golpearon sin piedad.
Las noches en las que Sergei la abrazab