Aaron no apartó la vista de Vikram. Su mirada afilada y su postura rígida dejaban claro que no iba a intimidarse, pero la pistola en el pecho no era un detalle menor.
Irina, paralizada en un rincón, apenas podía respirar.
—Baja el arma, Vikram… —murmuró ella con la voz temblorosa.
—Cállate —respondió el ruso sin mirarla siquiera.
Aaron dejó escapar una risa seca, llena de burla.
—¿Qué pasa, Vikram? ¿Tan inseguro estás que necesitas un arma para manejar esto?
El ruso apretó los dientes y sin pre