Katerina aún sentía el ardor de la herida en su brazo cuando Aaron la llevó de regreso a la mansión. Había insistido en que los médicos revisaran cada mínimo detalle, y aunque la herida no era profunda, el rostro endurecido de Aaron dejaba en claro que no iba a dejar pasar lo ocurrido. No mencionó el nombre de Anya en todo el trayecto, pero Katerina podía sentir la furia contenida en cada una de sus acciones.
El silencio entre ellos se prolongó hasta el día siguiente. Katerina decidió aprovecha