La noche envolvía la mansión Morgan con un manto de silencio. En la habitación principal, el ambiente estaba cargado de una tensión contenida, una mezcla de emociones que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Katerina se encontraba junto a la ventana, su silueta apenas iluminada por la tenue luz de la luna que se filtraba entre las cortinas. No quería mirarlo, pero su cuerpo reaccionaba de manera distinta a lo que su mente le ordenaba.
Aaron, por su parte, permanecía de pie, observándola con