Capítulo 42. El día uno.

Treinta días

Las palabras de Camelia cayeron como bloques de cemento en medio del pasillo. El silencio fue absoluto. El sonido del mar chocando contra las rocas se coló por las ventanas abiertas.

Fernando miró los papeles arrugados en sus manos. Luego levantó la vista hacia ella.

Sus ojos no mostraron miedo. No hubo dudas. La tristeza desapareció, reemplazada por un instinto cazador, primitivo y brutal.

—Acepto —sentenció él.

Tiró los documentos de divorcio sobre la pequeña mesa de cristal de l
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