Capítulo 43. Jaque mate.
El megáfono de la policía retumbó en los cristales de la sala.
Fernando no gritó. No entró en pánico. Su cerebro de hombre de negocios se encendió de golpe, frío y calculador. Miró la pantalla del televisor. Analizó la imagen de Valeria. La fecha. La hora.
Una sonrisa cínica, letal y oscura se dibujó en su rostro.
—Es una imbécil —sentenció Fernando. La tensión abandonó sus hombros y soltó una carcajada.
—¡Están afuera, Fernando! ¿De qué te ríes? —gritó Luciano por el teléfono.
—Usa la cabeza,