Capítulo 36. La acusación de Valeria.
El aire se congeló en el pasillo del hospital.
El Fernando vulnerable, el hombre aterrorizado que acababa de llorar de rodillas, desapareció en un segundo. Sus ojos se volvieron dos rendijas, cargadas de una furia asesina.
Miró a través del cristal de la puerta hacia la cama donde dormía Camelia.
Nadie iba a ensuciar a su esposa. Nadie iba a llamar bastardo a su hijo otra vez.
—Luciano —ordenó Fernando. Su voz fue un susurro letal, frío como el hielo—. Compra la editorial de esa revista hoy mis