Capítulo 27. La cacería.

Fernando condujo en silencio durante varios minutos. El único sonido dentro del auto era el zumbido constante del motor y su propia respiración agitada. Luciano no decía nada; sabía que su amigo estaba procesando algo demasiado grande como para interrumpirlo.

De pronto, el teléfono de Fernando vibró sobre el tablero. Era su jefe de seguridad.

—Dime —respondió de inmediato, poniéndolo en altavoz.

—La localizamos, señor —informó el hombre con tono profesional—. Está en un hotel ejecutivo. En el T
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