Miguel bajó del avión con el cuerpo tenso, como si la rabia aún no hubiera encontrado salida. No había dormido durante el vuelo; pasó todo el viaje recordando la discusión en la isla, la voz de Sofía justo cuando le pidió que se marchara. Su mente repetía cada palabra, cada gesto, con una mezcla de culpa y orgullo herido que no lograba distinguir.
Apenas cruzó el aeropuerto, buscó su teléfono y marcó el número del dueño del club donde solía competir Sebastián. No se molestó en saludar. Le pregu