Sebastián frunció el ceño y se colocó frente a Sofía, en un gesto protector, como si quisiera esconderla de Miguel. Alzó apenas una mano como si intentara detener el aire que los separaba. Su voz salió baja pero firme, con un temblor contenido que solo aparecía cuando algo le importaba de verdad.
—¿Con qué derecho tomas decisiones por ella? —preguntó, mirándolo directamente a los ojos—. Sofía no es una niña, Miguel. Es una mujer, y puede pensar por sí misma.
Miguel no respondió de inmediato. Pe