Sofía lo miró fijamente, con la respiración contenida y las manos apretadas en puños junto a su cuerpo. Estaba a punto de responderle, de decirle que no tenía derecho a amenazarla, que su vida no le pertenecía y ella decidía por sí misma. Pero el sonido repentino de un teléfono interrumpió el aire tenso. Miguel miró la pantalla y frunció el ceño. Era Clara.
El gesto en su rostro cambió de inmediato, se frunció ligeramente. Contestó con un «¿qué pasa?» seco, sin apartar del todo la mirada de Sof