Durante los dos días siguientes, Sofía se obligó a permanecer en casa. Apenas se atrevía a salir a la puerta, temerosa de que, en cualquier momento, Martín volviera a aparecer en la isla. El encierro le resultaba sofocante, pero prefería esa incomodidad antes que exponer a Lilly a un peligro desconocido. En medio de pañales, biberones y pedidos en línea que atendía con lentitud, el tiempo se volvió extraño, como en pausa.
Esa misma tarde, mientras removía la olla a fuego lento, dejó que la tele