Al día siguiente, Martín se dirigió a la oficina de Miguel. Caminaba con paso firme, aunque por dentro llevaba un cúmulo de pensamientos que le pesaban. Era necesario discutir algunos aspectos del trabajo, sí, pero había algo más rondándole la cabeza. Cuando cruzó la puerta, sin tocar como solía hacer, se encontró con su amigo hablando con el asistente. Miguel estaba detrás de su escritorio, con la espalda recta, un semblante serio y los dedos tamborileando sobre un expediente abierto.
—¿Encont