La ansiedad le corroía las entrañas a Martín. Desde el comienzo supo que dejar solo a Miguel era una completa tontería, pero no podía ir detrás de él como un niñero, mucho menos cuando él lo había obligado a aceptar las negociaciones en Singapur.
El vuelo había sido una eternidad, y cada minuto de tráfico desde el aeropuerto le parecía una tortura. Finalmente, llegó al apartamento de Sofía y llamó al timbre con urgencia. La puerta se abrió, revelando a Sofía con Lilly en brazos. Su expresión de