El silencio en la habitación pesaba demasiado, tanto que era como estar bajo el agua. Sofía se dedicó a cuidar un rato de Miguel; una parte de ella sentía compasión, la otra, ira. Ella ajustaba con cuidado sus sábanas, su almohada, mientras Sebastián cuidaba de Lilly en las afueras de la habitación.
Entre más tiempo pasaba, Miguel comenzaba a sentirse más y más atrapado en sí mismo y en su mentira.
—¿Y Clara? —preguntó Sofía por enésima vez, mientras le servía un vaso de agua—. ¿Alguna noticia?