A la mañana siguiente, Sofía se encontraba en uno de los lugares que le provocaban una mezcla de emociones: miedo y felicidad. Miedo, porque en la pista de carreras podría suceder cualquier cosa y Sebastián no tenía la vida comprada, y felicidad, porque sabía que era algo que Sebastián disfrutaba realmente y le daba sentido a mucho de lo que vivió. Era la prueba constante de que el pasado no debía tener el poder de arrancarte las alas.
Su mirada seguía instintivamente al auto número 17, que par