Clara observó el rostro de Miguel con atención, tratando de descifrar el silencio que se extendía entre ellos. Ese silencio era nuevo, incómodo, y no jugaba a su favor. Miguel siempre había sido un libro abierto para ella, pero ahora parecía impenetrable. Respiró hondo, como si estuviera midiendo cada una de sus palabras antes de soltarlas.
—Nunca me amaste —murmuró él, más para sí mismo que para ella, como si acabara de aceptar una verdad que llevaba tiempo evitando.
Clara sintió que el suelo