Miguel la miraba fijamente. Tenía los brazos cruzados, recostado en el marco de la puerta, con el ceño levemente fruncido, mientras Sofía rebuscaba en su bolso el audífono.
Apenas lo tuvo entre los dedos, él pareció notarlo. Frunció los labios, y aunque no dijo nada de inmediato, su expresión era clara: desaprobación. Sofía trató de colocarlo con naturalidad, pero sus manos estaban torpes. Fingió una sonrisa rápida, bajando la mirada para no leer demasiado en los ojos de él.
»Últimamente no lo