—¡Gracia, mi amor! —exclamó Maximilien al verla caer. Corrió hacia ella, la tomó entre sus brazos y, sin perder tiempo, bajó las escaleras con rapidez, llevándola directamente al servicio de urgencias.
Antes de llegar, Gracia abrió los ojos lentamente, aún aturdida por el mareo.
—¿Qué pasó? ¿A dónde vamos? —preguntó con la voz débil, al ver que el auto se detenía frente a la clínica.
—Te desmayaste, mi amor. Los doctores ya nos están esperando.
Ella miró a su alrededor, confundida, y negó con l