Después de aquellos oscuros momentos, los días fueron transcurriendo, y el descaro de Fernando no hacía más que crecer. Aún se atrevía a enviarle mensajes a Gracia, incluso desde números desconocidos, insistiendo en pedir perdón.
Era ya el sexto número que ella bloqueaba. Negó con la cabeza, incrédula, y borró el mensaje sin dudar:
«Gracia, cariño, nuestro hijo nos está esperando, amor. ¡Aún podemos salvarlo todo!»
—¿Y si mejor cambias de número de teléfono? —sugirió Maximilien, rozando su nari