Gracia caminaba a paso apresurado. Se adentró en uno de los pasillos del hospital y se recostó contra la pared, intentando recuperar el aliento. Apretó los labios mientras el pecho le ardía de rabia. Las desgracias parecían no darle tregua, y ya no sabía cuánto más podría soportar.
Maximilien la había seguido, y al encontrarla así, tan vulnerable, se acercó con la intención de consolarla.
—Gracia, todo esto me importa de verdad. No me gusta verte así.
Ella alzó la mirada con firmeza, desafiante