POR FIN EN SUS BRAZOS.
Maximilien se incorporó lentamente, sintiendo cómo la adrenalina empezaba a ceder. Se levantó del suelo y, sin decir nada, rodeó a Gracia con los brazos. Ella apoyó la cabeza en su pecho, dejando escapar un suspiro quebrado.
—Gracias… —susurró con la voz ahogada—. Gracias por ser tan buen esposo… por cuidarnos, por nunca soltarme, Maximilien.
Él cerró los ojos, apretando su abrazo, no quería soltarla. En las ultimas semanas el temor a perderlas era tan fuerte, que moriría si ellas llegaban a fa