Maximilien, con su pequeña hija en brazos, conoció el verdadero amor. No existía palabra capaz de describir lo que sentía; la opresión que lo había carcomido durante días se disolvió de golpe. Tenía en sus brazos al ser que más amaba, junto con su esposa.
—Señor Fuenmayor —dijo el comisario, rompiendo el silencio—, ya hemos avisado al hospital. Un equipo médico estará listo para atender a la pequeña.
Maximilien levantó la vista, todavía incrédulo de que ese momento fuera real.
—Les agradezco… n